Jerusalén es la capital del estado de Israel. Está
situada sobre las Colinas de Judea, a apenas nueve kilómetros de Belén, es una
de las ciudades más antiguas del mundo que ha estado habitada continuamente
(durante 4000 años) y que es cuna de todas las religiones monoteístas. Ya es
mencionada en una colección de cartas egipcias antiguas como Ura Salem.
Nuestra primera parada fue el Monte de los Olivos
(Monte Scopus), desde donde hay una magnífica vista panorámica de la ciudad y
del Valle de Kedron, sobre los olivos de Gethsemane. El Jardín de Gethsemane
está situado más abajo en la ladera de la colina, donde todavía están los
antiguos olivos. Ahora es un jardín muy pequeño y se ha construido una
carretera muy cerca de él. Pero la Iglesia de todas las naciones fue construida
en 1924 con la contribución de 12 naciones que corresponden a las 12 cúpulas de
la iglesia. La tradición dice que este es el lugar donde Jesús pasó sus últimas
horas antes de ser arrestado por los soldados romanos.
Entramos en la ciudad por la Puerta de Jaffa y una
vez dentro nos dirigimos al “Muro de las lamentaciones”. A la izquierda rezan
los hombres, tienen que cubrir sus cabezas; a la derecha, las mujeres, ambos
sexos separados por un muro. La gente reza y pone trozos de papel con sus
deseos en las ranuras del muro.
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Puerta de Jaffa
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Muro de las lamentaciones
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En dirección al Monte Calvario, caminamos
por las estrechas y zigzagueantes calles de Jerusalén. La ciudad está dividida
en tres partes: cristiana, musulmana y judía, y es como un gran zoco, te topas
con muchas tiendas a ambos lados, vendiendo de todo. Apetece perderse por sus
calles y respirar el ambiente.
Tomamos la “Via Dolorosa” hacia la cima del monte.
El Monte Calvario ya no existe como tal; en su lugar hay una gran iglesia, la
Iglesia del Santo Sepulcro, construida por los Cruzados a muchos metros sobre el
antiguo nivel y encima del lugar tradicional de la crucifixión.
Dentro de la Iglesia del Santo Sepulcro hay demasiada gente intentando tocar los
objetos que se supone que tocó Jesús.
Esta es la piedra donde lavaron a Jesús después de
la crucifixión. La gente pone sus
cosas encima para ser bendecidas.

En el Gólgota los mosaicos que cubren suelos,
paredes y techos son impresionantes, un trabajo absolutamente increíble.
Frente a la iglesia hay una mezquita; recordemos que es su manera de mostrar respeto a Jesús como profeta.